MOCHES

Los moches o mochicas fueron una civilización politeísta prehispánica, eminentemente agrícola, que ocupó la costa norte de Perú aproximadamente entre el 200 y el 850 d.C., momento en que se produjo su colapso. Fue una sociedad teocrática, fuertemente estratificada, en la que no existió realmente un gobierno centralizado sino diversas unidades independientes, vinculadas por un mismo horizonte cultural. Dichos señoríos estaban gobernados por sacerdotes guerreros.

Entre los aspectos artísticos más relevantes de esta cultura destacan el tejido, la arquitectura monumental y sus murales cuyas construcciones más notables son la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna en el valle de Moche, reflejo de la dualidad mística de su cosmovisión y sobre todo la cerámica en la que abundan las escenas explícitamente sexuales. En cuanto a la orfebrería, que alcanzó un desarrollo sorprendente se caracterizan por la utilización del cobre para la fabricación de armas, herramientas y objetos ornamentales de oro, la plata y la tumbaga (aleación de oro y cobre muy habitual en la América precolombina) para sus alhajas, empleando diferentes técnicas de joyería, como el laminado, el martillado, el repujado, la soldadura, etc.

DAMA DE CAO

En el año 2006 un equipo de arqueólogos peruanos liderado por Regulo Franco en el sitio arqueológico de Huaca Cao Viejo, ubicado en el valle de Chicama, en la región norte del Perú, realizaron uno de los hallazgos más importantes descubiertos en los últimos años. Se trata de un mausoleo intacto, un fardo de un poco más de cien kilos envuelto en 26 capas de tela de algodón que contenían el cuerpo momificado de una  mujer, la cual apodaron como la Dama de Cao, la tumba se encontraba acompañada por abundantes piezas, entre ellas, 18 collares de oro, plata, lapislázuli, cuarzo y turquesa, treinta adornos de nariz (Narigueras) de oro y plata que poseían diseños repujados y se usaban en conjunción con las diademas de cobre dorado, estas poseían orificios para amarrarlas a las coronas, placas de cobre dorado cosidas a telas de algodón, porras de madera forradas con cobre trabajado, algodón limpio, sin pepas y de color blanco que pudo ser parte del algodón que se usó para hilar las bandas y mantas del fardo, placas de metal sueltas, vestidos doblados, uno de ellos tiene un diseño estilizado bordado y el otro motivos de olas u ondas pintadas. 2 Platos de cobre, uno cubría su rostro y otro encima de un paño de algodón sobre su pecho, hasta el momento se ha encontrado 30 bandas o pequeñas telas. En la tumba se encontraron también otros símbolos de autoridad: una armadura de 1.100 piezas de cobre dorado, diferentes armas, varios cetros de madera forrados también de cobre y utilizados en las ceremonias como objetos de mando y hegemonía, así como cuatro acompañantes, entre ellos una adolescente estrangulada. Las investigaciones de la momia revelaron un vientre altamente dilatado y otras características que sugieren la muerte postparto por efecto de una crisis convulsiva conocida como eclampsia, medía 1,45 metros de altura y tenía alrededor de 25 años. Habría vivido alrededor del año 400-600 d.C. La preservación del cadáver, así como de algunas vestimentas, fue posible porque se la untó con sulfuro de mercurio (cinabrio) para impedir la descomposición del cuerpo. Además, sorprendentemente, se veían todavía en su cuerpo los restos de diferentes tatuajes en brazos y pies, que podrían ser indicativos de sus dotes como adivina. Todo indicaría que había tenido un rango de gobernante o era una importante líder de la cultura Moche, pues un entierro de estas características solo era comparable con el del Señor de Sipán, gobernante del valle de Lambayeque.

La Dama de Cao habría sido considerada prácticamente una divinidad, es también un símbolo del empoderamiento femenino en una sociedad prehispánica que fue dominada por hombres. Antes de su hallazgo, se pensaba que solo los hombres habían podido ejercer altos cargos en el antiguo Perú. “Hasta hoy es la única tumba encontrada de una mujer gobernante de América precolombina” También  ha generado gran interés en todo el mundo y ha ayudado a los arqueólogos y expertos en la cultura moche  a entender mejor la complejidad y sofisticación de sus prácticas, especialmente en términos ceremoniales, funerarias, así como su arte y tecnología. También ha contribuido a aumentar la conciencia sobre la importancia de proteger el patrimonio cultural y arqueológico del Perú.

 

TATUAJES

En el caso de la cultura Mochica, se ha reportado que la práctica del tatuaje era tan común entre hombres y mujeres que se ha llegado a pensar que posiblemente al menos 43% de la población pudo haber sido tatuada. Se cree que estos tatuajes mochica fueron hechos con distintos tipos de agujas como espinas de peces, plumas de loros, apéndices espinosos de conchas, etc. La técnica consistía en punciones en la piel para luego introducir el color. Otro dato interesante, es que también se tienen sospechas que las mujeres eran las artistas que se dedicaban a estas labores.

Al ser descubierta la dama de cao notaron unos interesantes detalles, estos son los tatuajes que llevaba en diferentes partes de su cuerpo, especialmente en antebrazos, manos, tobillos y pies, los diseños representaban variadas figuras de animales, hippocampus, mariposas, también serpientes y arañas, ambos vinculados a la fertilidad de la tierra y el agua; jaguares, que simboliza al animal lunar; y figuras geométricas, que fortalecen la idea de que ella también se dedicaba a actividades espirituales, y otros oficios políticos-religiosos, así como otros elementos mágicos, a los que los mochicas atribuían poderes sobrenaturales.

En los laboratorios de Microscopía Electrónica de Barrido del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, se inició una investigación en la que se analizó la composición de los pigmentos que se usaron para realizar aquellos tatuajes. El resultado: En el caso del tinte rojo de una de las muestras, se descubrió que era cinabrio, ósea sulfuro de mercurio. En el área tatuada, se encontró óxido ferroso, con trazas de hierro elemental y otros elementos químicos, este pigmento le otorga un color negro azulado a la piel, y actualmente también se usa en cosméticos y productos de belleza. En textos sobre botánica prehispánica, se plantea que este tinte se puede encontrar en el jugo de los frutos inmaduras de la “jagua”.